Cuando la terapia deja de gustarte: por qué ese momento es clave
- Espai Helen Flix

- 4 may
- 3 Min. de lectura
HELEN FLIX
Hay un momento en terapia que muchas personas no esperan. Un punto en el que deja de ser un espacio cómodo. En el que hablar ya no alivia como antes.
Y es ahí donde aparece una duda muy concreta: “¿Esto me está ayudando… o me está empeorando?”
La pregunta es legítima. Pero la respuesta no siempre es evidente.
CUANDO ENTENDER YA NO ES SUFICIENTE
Al inicio del proceso terapéutico, suele haber un efecto claro: alivio. Poner palabras ordena. Nombrar lo que ocurre reduce la intensidad. Comprender da una sensación de control. Pero llega un momento en el que esto cambia.
La comprensión deja de ser suficiente. Y aparece algo distinto: implicación.
Ya no se trata solo de explicar lo que te pasa, sino de reconocer cómo participas en ello.
Y ese paso no resulta cómodo.

EL DESAJUSTE INTERNO
En ese punto empiezan a moverse cosas más profundas.
la imagen que tienes de ti mismo
las explicaciones que te han sostenido
ciertas formas de relacionarte
Lo que antes encajaba… deja de hacerlo. Y aparece una sensación difícil de definir:
descolocación. No es exactamente dolor. Tampoco es alivio. Es la pérdida de una coherencia que, aunque limitada, resultaba estable.
POR QUÉ EL CAMBIO INCOMODA
El cambio psicológico no consiste en añadir recursos sin más. En muchos casos implica soltar.
Soltar:
certezas
narrativas
formas de protegerte
Y eso tiene un coste.
Durante un tiempo, la persona puede sentirse más insegura, más sensible o expuesta.
No porque esté peor en términos clínicos, sino porque está más en contacto con lo que antes evitaba.
EL PUNTO EN EL QUE MUCHOS PARAN
Este momento es crítico. No cuando el malestar es evidente, sino cuando empieza a tener sentido.
Es aquí donde muchas personas interrumpen el proceso. Porque lo que aparece no encaja con la idea de “mejorar”.
No hay alivio inmediato. No hay sensación de avance claro. Y la tentación es volver atrás:a formas conocidas, aunque sean limitantes.
DIFERENCIAR PROCESO DE DESBORDAMIENTO
No toda incomodidad en terapia es señal de progreso. Y es importante decirlo con claridad.
Hay procesos en los que la persona se desregula sin poder integrar lo que ocurre. Donde falta sostén o dirección.
En esos casos, el malestar no organiza, sino que dispersa.
Pero cuando hay un trabajo terapéutico sólido, la incomodidad suele tener una característica distintiva: es comprensible.
No necesariamente agradable, pero sí vinculada a algo que empieza a verse con más claridad.
Una forma útil de diferenciarlo:
Cuando hay proceso, la incomodidad acerca a la comprensión
Cuando no lo hay, la persona se siente cada vez más perdida.
CUANDO EMPEZAR A SENTIRSE PEOR NO ES RETROCEDER
Uno de los errores más habituales es interpretar este momento como un fracaso. Como si mejorar tuviera que sentirse siempre como alivio.
Pero el proceso terapéutico no es lineal. Hay fases en las que lo que emerge genera más incomodidad antes de poder organizarse.
Esto no implica empeorar en un sentido clínico, sino atravesar una parte necesaria del cambio.
CONCLUSIÓN
Cuando la terapia deja de gustarte…puede ser una señal de que algo importante está empezando a moverse.
No es un momento fácil. Tampoco es un momento que deba idealizarse.
Pero sí es un punto en el que merece la pena detenerse a entender qué está ocurriendo,antes de decidir si avanzar o retirarse.
Porque no siempre es el inicio del retroceso. A veces es, precisamente, el inicio del cambio.
Si te reconoces en este punto, no es casualidad.
Y quizá la pregunta no sea si deberías dejarlo, sino qué es exactamente lo que ha empezado a moverse.




Comentarios