¿Esclavos de la aprobación social?

June 22, 2017

 

"Lo que piensen los otros o los vecinos no me importa un pimiento" solemos decir aparentemente con convicción. Y, sin embargo, en la práctica, vemos que eso no es cierto. Hay una estructura social fuertemente afianzada , que condiciona a partir de tres factores determinantes: poder, premio y castigo. Y muy pocos logran escapar a las imposiciones de esa lógica.

Todos los seres humanos dependemos en alguna medida de los demás. El mito del ermitaño, es eso: un mito. Hasta el agua potable llega a nuestras casas por la acción de otros y si nos abandonaran cuando nacemos, difícilmente conseguiríamos sobrevivir. Aunque estemos solos, el horizonte de los demás siempre está ahí. En esta condición gregaria del ser humano está la esencia de la necesidad de aprobación.

Cuando necesitar aprobación es una limitación y nos crea conflictos emocionales

Aunque todos necesitamos sentirnos aprobados por otros, en alguna medida. A menos que medie una patología, cualquiera se siente feliz cuando su ser es apreciado, aceptado y valorado por los demás. Esto alimenta el amor propio y permite avanzar con pasos más seguros por la vida.

En principio, esa aprobación y ese sentimiento de autoconfianza son la consecuencia de contar con una familia promotora de autoestima y suficientemente saludable emocionalmente (funcional). Si nuestra familia es disfuncional o la madre, o la persona que se encarga del cuidado en la primera etapa de la vida, no cuenta con los recursos psicológicos para transmitir aceptación y valoración de lo propio, y que no ofrezca afecto, darán pie a una fuerte fractura en la vida de sus hijos. Esa carencia va a experimentarse como un vacío indefinible y, principalmente, como una sensación de duda permanente frente al propio valor. Una madre maltratadora, además, reforzará la idea de amenaza y temor ante la vida. Mucho peor cuando combina el maltrato con la permisividad.

La situación se complica aún más cuando no hay una figura paterna, o ésta es disfuncional. En esas condiciones, se han creado todas las circunstancias propicias para que una persona desarrolle graves conflictos de autoimagen y una baja autoestima.

Descifrando la lógica de la aprobación

El rechazo a uno mismo es una neurosis que se instala por la crianza, en mayor o menor medida. Esto da como resultado individuos con dificultades para afirmar sus pensamientos, sentimientos y manera de vivir frente al mundo. A veces esas dificultades también se convierten en trastornos mentales.

Sin darse cuenta, una persona que trae fuertes carencias afectivas desde su primera infancia, tenderá a hacer todo cuanto esté a su alcance por llenar ese vacío. De entrada, se asume a sí mismo como un ser humano en estado de necesidad, de vulnerabilidad; no logra hacerse consciente de todos los recursos de los que dispone para desarrollar su autonomía.

 

De uno u otro modo, asume la culpa por la infelicidad de su madre, o por el abandono, la distancia o el maltrato del padre. Entonces parece como si su misión en la vida fuera la de complacer a toda figura que engendre autoridad, esperando inconscientemente complacer a sus propios padres y así lograr por fin su afecto.

La salida a este círculo dramático, como en tantas otras ocasiones, puede estar probablemente en el consultorio de un especialista en la mente y el alma humana.

¡Un fuerte abrazo para tod@s de Helen!

 

 

 

 

 

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