Formar docentes en inteligencia emocional para prevenir y controlar la violencia en la Escuela: ¿lujo o supervivencia?

September 12, 2018

La escuela es una comunidad humana, y como tal, no escapa a la violencia interna de cada individuo, de los grupos sociales que la componen y a su propia violencia institucional. Pero mientras intentamos elaborar nuevos mapas, persistimos en leerlos a través de los viejos modelos enquistados en nuestras cabezas. La formación de los docentes es uno de los factores que pueden contribuir a identificar esta violencia, a afrontarla y a transformar esta energía destructiva en palanca para la acción y el cambio.

¿Es la violencia en la Escuela la que aumenta, o es nuestra inquietud ante sus manifestaciones nuevas y cada vez más precoces sobre un terreno familiar y social cada vez más vulnerable? ¿Cómo, si no erradicar, por lo menos contener esta violencia?

El psicoanálisis nos permitió comprender los mecanismos de esta violencia fundamental que se encuentra en el niño atrapado en el amor y el odio, la ilusión de la omnipotencia infantil y el principio de placer. Si bien la violencia tiene sus razones internas, también se inscribe en una relación compleja con el entorno. La violencia es contagiosa y se auto-alimenta de herida tras herida, avanza enmascarada antes de irrumpir brutalmente en los lugares de la vida del niño y sobre todo en la escuela.

Se despliega en una espiral de heridas recibidas y dadas y el alumno que vive en una sociedad con referencias engañosas, muchas veces sin nadie frente a él, va a expresar la respuesta a todo ello, su agresividad incontrolada en forma de explosión externa como modo de acción (ataques, golpes, insultos, deseo de imponer su ley a sus iguales). O en la implosión con su cortejo de síntomas de desvalorización de sí, de estrategias de fracasos o de somatizaciones que en la adolescencia pueden ir hacia patologías adictivas o el suicidio, y que en los más jóvenes se expresa en juegos peligrosos.

La antropología y la historia, por su lado, nos han enseñado cómo la violencia, desde la génesis de la humanidad, se plasmó en la construcción del lenguaje, se civilizó en la edificación de reglas y de leyes comunes, elegidas o impuestas por terceros contra el caos de la indiferenciación.

La complejidad de las causas, del contexto, de la evolución de la sociedad supone abordar este fenómeno desde todos los frentes. Aquí solo se plantean pistas sobre lo que puede aportar la formación en las relaciones humanas de los docentes como apoyo y como contribución.

¿Cómo contribuir en el rol de docente a utilizar esta formidable fuente de vida que constituye la violencia? ¿Cómo explorar otras maneras de hacer, de ser, y modificar su representación del mundo liberando energía para la acción y el cambio?

“No hay amor sin ley, ni ley sin amor”

Los niños encuentran dificultades y retos en los diferentes campos de su vida, dificultades que son un terreno fértil para la violencia. Entre estos obstáculos, podemos identificar:

  • Una relación con el espacio real y simbólico: ¿cómo encontrar su lugar en lugares de vida, escuela, familia, la calle, la sociedad, que son portadores de valores contradictorios?

  • Una expresión bloqueada que no permite prever los hechos, decir la ofensa y el resentimiento, el sufrimiento no reconocido de una herida narcisística, el malestar o la inseguridad.

  • Una imagen de sí muchas veces negativa y que no brinda la seguridad interior para entrar en relación fluida con los otros, afirmarse aceptando para aceptar al otro.

  • Una falta de reconocimiento y de pertenencia que no favorecen la elaboración de una identidad sólida, en particular en el encuentro de culturas diferentes.

  • Una dificultad en vivir las frustraciones y de distinguir las necesidades y los deseos

  • Una incapacidad para proyectarse en un futuro que los adultos presentan como un horizonte oscurecido, para pasar del sueño al proyecto, para darle sentido a su vida.

  • Una tentación, favorecida por el entorno, de instalar al individuo y en especial al niño en una posición de víctima (de la sociedad de consumo, de padres abandónicos, del desempleo parental, etc.) lo cual solo le deja la alternativa entre la implosión o la explosión.

  • Una carencia de relaciones verticales sin autoridad que «permite empoderar» al niño sin control.

  • Una carencia de relaciones horizontales sanas con los pares, en el respeto de la diferencia y de la afirmación de sí, y una relación con el otro que oscila entre una voluntad de dominancia sobre él o una actitud de sumisión.

  • Un abuso de castigos arbitrarios en lugar de sanciones apoyadas por la regla.

“Sean ustedes mismos el cambio que quisieran ver en el mundo" - Gandhi

Quisiera destacar que quienes deben formarse son todos los actores de la escuela, docentes, personal educativo o sanitario, directores del centro o personal interno del mismo y por supuesto los alumnos, aun cuando aquí ponemos el acento en los docentes.

Cuando vemos la lista sin duda incompleta de las dificultades encontradas por los alumnos, constatamos que son también las de los docentes mismos (trabajar en cooperación, vivir la jerarquía, déficit de reconocimiento y de imagen de sí, etc.) mientras que otras, las menos numerosas, son más específicas (ejercer su autoridad, sancionar, etc.) ¿Formarse en qué? Actualmente se habla de desarrollo personal profesional…

Si bien la postura del docente es muy asimétrica, se trata de un trabajo de alianza para que cada uno complete su misión, en el caso del docente una misión educativa y en el caso del alumno una misión de educando. «El alumno no es un florero que uno llena, sino un fuego que uno enciende» escribía Bachelard. Pero, ¿cómo alimentar «ese fuego» cuando se está preocupado por la ansiedad cotidiana de una clase que uno debe «mantener» y no hacer vivir?

Para ir en ese sentido, el docente puede reforzar sus competencias en diferentes direcciones:

  • Responsabilizarse para permitir al alumno que sustituya también «el camino de la queja por el camino de la vida».

  • Autorizarse a dejar circular las fuerzas de vida que están en él y a manifestar sus desacuerdos, sus resentimientos, diferenciando a las personas (alumnos o colegas) de sus actos, los sentimientos y la relación.

  • Formarse en la escucha y aprender a comunicar de manera distinta, distinguiendo las necesidades y los deseos, respetándose a través de procesos que los llevan a atreverse a pedir, rechazar, dar, recibir, identificando los diferentes registros de la comunicación (los hechos, el resentimiento, la repercusión) y escuchando los comportamientos de los alumnos como lenguajes.

  • Apoyarse en los recursos propios o del alumno muchas veces desconocidos, así como en los del grupo-clase, ofreciéndose como « tutores de resiliencia » para retomar el término de Boris Cyrulnik.

  • Escuchar en él su propia violencia para transformarla en una agresividad creadora y permitirle experimentar relaciones más pacificadas y más justas.

  • Aceptar sus propios errores y acoger los del alumno, no como una falta ni un fracaso sino como un trampolín.

  • Entrenarse para no autorizarse a la violencia y valorar la palabra antes que la « barbarie » del gesto o del grito, para hacer lo propio con los alumnos y desactivar la brutalidad física o el lenguaje violento o descalificativo.

  • Formarse para crear un clima de seguridad siendo garante del marco, de la fluidez de la rivalidad fraterna y asegurando así una seguridad de camino, distinguiendo autoridad de poder y apoyándose en la dimensión grupal de la clase.

¿Cómo enriquecer la vida en clase?
  • Favoreciendo un clima de confianza, propicio para la creatividad gracias a la sumisión a reglas y no a la persona, autorizándose a la sanción y a la responsabilización en una sumisión a reglas comunes y no a la persona.

  • Desarrollando su autoridad – que autoriza-, una firmeza que no se cierra, y no un poder arbitrario sobre el alumno, pero confrontando al niño a la realidad que lo rodea

  • Restableciendo a un tercero en la relación recurriendo a la Ley, a reglamentos internos, código de convivencia, que aseguren una exterioridad relativa en un conflicto violento y haciendo así de la escuela un lugar para aprender a vivir en grupo, un lugar de cooperación y de formación a la ciudadanía, unidos por valores compartidos. De ser necesario, ejerciéndose a pensar en tiempos y espacios de mediación cuando los protagonistas, -él mismo u otros- se enfrentan con sus realidades infiltradas por sus respectivos imaginarios.

  • Favoreciendo lo que en su existencia da sentido, abre un horizonte y un futuro estimulante despertando el deseo recíproco de aprender y de vivir y contribuye a « ampliar la vida » según la bella expresión de Jacques Salomé.

¿Cómo formarse?

La puerta del cambio sólo se abre desde adentro - Carl Rogers

La formación es como el trabajo de la tierra, es un recorrido en el tiempo con momentos fuertes y momentos de maduración. Formarse:

  • Es comprometerse en un trabajo sobre sí mismo, a título personal o un trabajo de grupo entre colegas de diferentes centros.

  • Es implementar formaciones en inteligencia emocional en el centro.

  • Es también hacer co-formación en grupos de análisis de la práctica o en grupos de palabra que crean un vínculo, una identidad, una pertenencia, un reconocimiento mutuo.

Sobre el «¿Cómo organizar formaciones»? nos referiremos en particular al libro de Jacques Nimier. En diversas publicaciones hemos retomado las prácticas de formación

La utilización de los principios del método E.S.P.E.R.E del psicosociólogo Jacques Salomé, consagrados a la comunicación relacional, brinda herramientas eficaces para permitir trabajar las representaciones, las diferenciaciones entre los comportamientos y las personas, la identificación de los sistemas destructores, reemplazándolos por relaciones más creativas entre adultos y entre los niños. Este conjunto tiene el mérito de proveer todo una serie de reglas de higiene relacional, de instrumentos que favorecen la implementación de una comunicación eficaz y conceptos que estructuran la relación que ofrecemos al otro cotidianamente en la vida y en la escuela.

Cuando se tiene la misión de despertar en los niños el deseo de aprender, es importante que los docentes puedan hacer de la escuela un laboratorio de experiencia para una cultura de la no violencia, para aprender a convivir « no para tener paz sino para permitir vivir en paz » (Philippe Meirieu).

 

·  http://www.institut-espere.com/ se expone aquí el método ESPERE inaugurado por Jacques Salomé, así como direcciones de formadores en Francia, Europa, Canadá

·  http://www.j-salome.com/ sitio de Jacques Salomé. Feliz quien comunica, Para atreverse a vivir consigo mismo y con otro comunicaciones sin violencia. Se pueden encontrar allí textos, todos los libros del autor o sobre el autor e informaciones sobre numerosos videos así como el anuncio de conferencias.

·  http://www.pedagopsy.eu/, el sitio de Jacques Nimier: valioso por las informaciones, artículos, referencias bibliográficas de un ex profesor de matemática y profesor honorario de psicología clínica de la Universidad de Reims

·  http://asso.etincelle.free.fr/, el sitio de la asociación Etincelles de Véronique Guérin y su equipo, en el que se destaca el teatro-foro: un método vivo y eficaz para hacer evolucionar las representaciones y las actitudes en desarrollo relacional, sobre todo en la formación de docentes.

·  http://www.interactions-tpts.net/ el sitio dedicado a las actividades alrededor de la articulación entre transformación personal y transformación social

 

 

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