La técnica del Rinoceronte Naranja para evitar gritar a nuestros hijos

January 28, 2020

 

Uno de los métodos en auge entre padres es el del Rinoceronte Naranja con el fin de no gritar más a sus hijos y para conseguirlo siguen las pautas y consejos de la creadora de la técnica, una madre americana que pasa el día con sus cuatro hijos. Esta mujer, cayó en la cuenta de que cuando está fuera de su hogar y ante otro público, es capaz de controlar sus chillidos y mantener las formas, por lo que se planteó que también podía hacerlo en su casa.

Para este ejercicio es imprescindible empezar por el reconocimiento de la necesidad de un cambio en la relación paternal, continuar por comprometerse con uno mismo poniendo un objetivo alcanzable medido en “días sin gritar a los niños” y comunicarle a todo nuestro entorno el propósito para sentir la presión de no fallar.

Debemos ser conscientes del tipo de personas que tenemos a nuestro alrededor para que nos presten su ayuda, sabiendo a quién escribir cuando queramos chillar para que rápidamente nos anime a no hacerlo y mantener la calma, a quién llamar cuando nos sentimos mal por haber gritado, con quién compartir el éxito de haber superado un día más sin chillidos o una situación tensa cumpliendo el compromiso e incluso, a quién recurrir cuando queramos abandonar sabiendo que su respuesta siempre será “sigue adelante que tú puedes”.

 

¿Cómo autocontrolarnos?

Como dejar de gritar de la noche a la mañana no es tarea fácil, la madre creadora del método del Rinoceronte Naranja da una serie de recomendaciones a los padres para mejorar el autocontrol:

  • Identificar las cosas, actitudes y situaciones que nos alteran, de esta manera podemos prevenir el hecho de levantar la voz.

  • Cuando sintamos la necesidad de gritar en los primeros días de intentar el reto, sugiere hacerlo en estancias donde no estén los niños. Poco a poco se va cambiando el voceo por silbidos u otros ruidos hasta conseguir dominarlo.

  • Mantener la calma. Algunas medidas para contener las ganas de alzar la voz son: hacer respiraciones profundas; retirarse del lugar donde están los menores hasta tranquilizarse; sacudir el cuerpo y escuchar música para liberar tensiones; cerrar los ojos e imaginarse en un lugar agradable o lavarse la cara con agua fría y contar hasta diez. No obstante, cada uno debe encontrar la forma que mejor le ayude a regularse.

  • Seguir trabajando en aquellas situaciones que nos generen estrés. Incluso habiendo conseguido el objetivo de no gritar tenemos que seguir mejorando.

  • Tener siempre nuestra meta en mente. Propone para facilitar el recuerdo llevar siempre algo naranja o colocar cosas de ese color por casa.

  • Perseverar en el desafío. Dependiendo del nivel de grito (los gradúa por intensidad) debes iniciar de cero el reto o, por ejemplo, desde el día dos. Sitúa el nivel 4 de tono de voz como el punto límite antes de chillar elevando el nivel 6 al necesario para advertir de un peligro y entendiendo que, a partir del nivel 7, ya tiene intencionalidad dañina y no debiera producirse jamás.

Tras un año sin gritar, la “Mamá Rinoceronta” dice haber aprendido que no siempre se pueden controlar las acciones de sus hijos, pero sí su reacción; que chillar no funciona; que a los niños, igual que a los adultos, no les gusta que les griteny también tienen días malos y que cuidarse también ayuda a no hacerlo.

Hace también especial hincapié en los momentos increíbles que pueden surgir cuando no levantamos la voz porque abrimos la puerta a que los menores nos cuenten sus inquietudes, miedos, dudas y desde ahí podemos descubrir y vivir con ellos momentos que se habrían impedido al aparecer un chillido. Explica que si cuando vayamos a hacerlo relativizamos utilizando un “por lo menos…” (por lo menos no se ha roto el vaso aunque haya derramado el agua), será más fácil conseguir no hacerlo.

En realidad, el método del Rinoceronte Naranja es un desafío para mejorar nuestro autocontrol como padres, sin embargo, no centra la mirada en el niño ni aporta a los adultos formación ni información para comprender por qué hacen lo que hacen, por qué se comportan de una manera determinada, por qué no nos atienden, por qué se alteran emocionalmente. Por ello, comprenderle es fundamental para ponernos en su lugar y, sobre todo, para reducir nuestras conductas desajustadas y para que ellos puedan autorregularse también.

Por otra parte, los grupos creados en redes son en la mayoría de ocasiones un espacio donde otros opinan para ayudar a quien escribe señales de socorro, sin ser conscientes seguramente de que con sus respuestas pueden alimentar sentimientos de culpa y llevar a una mayor confusión a la persona que solicita el apoyo, y confundiendo finalmente también al menor que es quien recibe las acciones de los padres. El ser humano es muy complejo como para ayudarlo solo con tips genéricos.

Por tanto, mejorar nuestro autocontrol con un firme propósito y poner en práctica la técnica del Rinoceronte Naranja está fenomenal, pero no podemos olvidar que el destinatario de este propósito es el niño y para ello debemos entenderle.

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